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1 de junio de 2009

El Caso Boyero-Almodóvar. PARTE I

Criticastro: “el que sin apoyo, ni fundamento ni doctrina, censura y satiriza las obras de ingenio” (RAE)

Últimamente se ha puesto en duda la calidad informativa cultural del periódico El País por su cobertura del Festival de Cannes. Muchos lectores escribieron cartas al director quejándose de la misma, pero fue Pedro Almodóvar quién hizo que se desatara la polémica. En su Crónica Negra del Festival de Cannes critica el tratamiento que ha recibido su película por parte de Boyero, la decisión de El País (en concreto de Borja Hermoso, director de la sección cultural) de elegirlo como enviado especial del festival y el excesivo cariz opinativo de la cobertura. Un extenso documento que no tiene desperdicio y que parece desahogar sentimientos que vienen de lejos. El escrito provocó la respuesta de la redacción de cultura de El País, que se volcó a apoyar a su compañero, aunque su veracidad queda en entredicho, como bien dice Almodóvar, por ser Borja Hermoso el cabecilla de la redacción. Así mismo, El País devolvió a la Defensora del Lector las numerosas cartas recibidas en contra de la forma de hacer de Boyero, que esta ha desempolvado y nos muestra ahora (no antes).

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Carlos Boyero, esa figura controvertida.

Este personaje siempre me pareció fuera de lugar. En el fondo, me gustaba por no tener pelos en la lengua, por no cortarse un pelo, por no seguir línea editorial alguna y por decir y escribir lo que se le antojaba. Libre. Libre de hacer lo que le de la santa gana y recibir un sueldito mensual por ello.

La cosa se complica cuando los lectores de un medio que se considera medianamente serio, empiezan a echar en falta una crítica cinematográfica coherente y de calidad. Boyero no es un crítico sino un opinador nato, un arrojador de subjetividades y un intransigente. Suelo leer sus artículos en El País y comprendí que no realizaba bien su trabajo cuando contó que se salió de la sala en un festival con la película a medias, y luego tuvo la indecencia de criticarla en el periódico. Le pagan por ver películas, no se le pide otra cosa que aguantar las dos horas de proyección. Y si esto no lo hace, ¿qué lo distingue de cualquiera de nosotros? Nosotros como simples mortales independientes, tenemos el privilegio de elegir las películas que nos gustan, dormirnos en el cine si nos apetece y salirnos de la sala cuando se nos antoje y además, podemos opinar lo que nos parezca.
Boyero es un profesional de la información (aunque sea eso lo que ahora está puesto en duda), y como tal debería, en primer lugar saber y delimitar su parcela periodística y el género al que se adscribe (por favor, eso se aprende en primero de carrera), y en segundo lugar, cumplir con sus obligaciones.

Siempre me pareció que El País no gestionaba bien las cartas al director, siempre laudatorias, pero bien es cierto que sabe hacer buen uso de las polémicas interesantes. La oleada de críticas a Boyero y al propio El País por su gestión del festival de Cannes han debido ser tales que el periódico ha decidido reflexionar y ya de paso dar la sensación de que escucha a sus lectores.

19 de octubre de 2008

RH+: El vampiro de Sevilla

Mi condición de babysitter a veces me lleva a insospechadas situaciones.
La última: RH+: El vampiro de Sevilla.

No suena muy infantil, pero es el título de una película de dibujos animados para niños. La historia no está muy clara.
El argumento es algo así como que una familia de vampiros alemanes de raices folklóricas españolas deciden emigrar a un palacete en Sevilla. El padre, Manolo Malasangre, de 500 años, es mayordomo de la viuda del Conde Von Salchichen de Frankfurt. Al final, como la viuda no quiere que se vayan, el hijo le dice que se van de vacaciones a Mallorca, y accede a ir con ellos.
Pero resulta que el avión que alquilan para ir a Sevilla está pilotado por un cazavampiros, y acaban teniendo un accidente.
Entre tanto, un pulpo extraterrestre tiene que salvar la Estatua de la Libertad, que va a ser derruida por un malo malísimo llamado Piraña Jones, pero sus compañeros extraterrestres no quieren ayudarlo y se van de vacaciones. Así que el pulpito llama a todos los superhéroes que se le ocurren: superman, spiderman, lobezno, batman...pero todos le ponen alguna excusa, excepto uno, que se encuentra en Toledo, Ohio, porque ha tenido un accidente, pero mientras está hablando con Little Chip (el pulpito extraterrestre) se cortan las comunicaciones, asique Little Chip se va a buscarlo en la Cafetera voladora a Toledo, Spain, pero tiene un accidente y se encuentra con un toro que sabe japonés, y un japonés que quiere ser torero. Little Chip está intentando arreglar la cafetera voladora cuando caen del cielo la familia de vampiros y todas sus pertenencias. Juntos arreglan la cafetera y cuando Little Chip va a llevar a la familia a Sevilla se topan con la nave de un malo malísimo del espacio y acaban en un agujero negro. Don Manuel Malasangre y Little Chip caen directos del agujero negro en Nueva York y trataran de derrocar a Piraña Jones. Entre tanto se encuentran con el Conde Von Salchichen de Frankfurt que el muy mamón había fingido su muerte para deshacerse de la condesa, que por otro lado es muy pesada y acaba en una isla del Pacífico dentro de un ataúd rodeada de tiburones. Total, que al final toda la familia consigue salir del agujero negro y se quedan a vivir en un pisito en Brooklyn. Y Little Chip consigue salvar la Estatua de la Libertad, un símbolo para el mundo entero.
Y a todo esto no he mencionado a la oveja Carmensita, que también es vampira, y además puede volar.

Surrealismo en estado puro.

8 de octubre de 2008

Oda a un periodista con agallas

Está mañana aparecía en el telediario la noticia de que Enrique Bunbury no había asistido a la entrevista concertada para hoy con Televisión Española. En la sala vacía de un hotel madrileño un conserje retiraba el cartel publicitario del nuevo disco del cantante, Helville Deluxe.
Bunbury, obviamente tiene sus motivos para escaquearse de sus compromisos con la prensa: está cagadito. Y lo está porque su disco, más que dar que hablar por su calidad artística, lo ha hecho por la polémica apropiación de los versos del difunto poeta madrileño Pedro Casariego.

Hoy El País publica una entrevista con Bunbury (que fue teoricamente realizada ayer), cuyo desarrollo nos da a entender, porque el cantante ha anulado su cita de hoy...

El periodista, y en este caso entrevistador Carlos Marcos, que iba con las cartucheras llenas, no solo ha sacado a relucir el asunto del poema plagiado sin escrúpulos, sino la semejanza del título del disco con el Hellbilly Deluxe de Rob Zombie, a lo que Bunbury ha replicado lo mucho que lo admira. A la pregunta a cerca de una de sus propias letras, ya no sabe que responder y alega que no se sabe sus letras de memoria, mientras ojea el libreto en busca de ayuda.
(¿Un cantante que no se sabe las letras de su último disco?)
Pero la audacia de Carlos Marcos no termina ahí. Compara uno de los temas del disco con el estilo de Tom Waits, una pregunta ¿sin malicia? A la que Bunbury responde, una vez más, a la defensiva “No pretendía hacerla a lo Tom Waits, pero salió así”
El 50% de las preguntas de la entrevista se refieren a la copia que hizo Bunbury de los versos no de uno, extraídos de varios poemas de Casariego en la canción El hombre delgado que no flaqueará jamás, sin mencionar en ningún sitio su procedencia o su autor.
Seis de las doce preguntas que componen la entrevista se refieren a este tema, de las cuales Bunbury sólo contesta a una de ellas, que dice lo siguiente:

¿Cómo es el proceso de utilizar frases de otros: lleva una libreta, esta leyendo poesía y apunta?

Es una pregunta fantástica, con ese punto de ironía capaz de exasperar al interlocutor, y soltada de soslayo cuando ya parecía que se habían calmado los ánimos. Es la cuarta de la ristra, y la única a la que Bunbury se ve obligado a responder porque no le queda escapatoria.

Cuando todo salió a la luz, Bunbury emitió un comunicado, en el que no solo se compara con grandes de la música como Bob Dylan o Van Morrison y copiar a Casariego con copiar la Biblia, sino que insulta al gremio de los periodistas a los que tacha de poco profesionales y rigurosos. El comunicado, dirigido a los periodistas concluye con la siguiente frase (que, además, no tiene cohesión con la anterior): “Al igual, que en este caso, la realidad os joda una buena noticia”.
Así que la actitud de Carlos Marcos, al que quizá pudiéramos tachar (yo jamás lo hice) de impertinente, queda totalmente justificada ante las críticas sin fundamento lanzadas por Bunbury a los de su profesión.
Carlos Marcos (que probablemente acudiera a la entrevista con gafas y nariz de Groucho Marx) es valiente, no se achanta, no se corta un pelo, y encima va preparado. Hace la entrevista que los lectores queríamos leer, las preguntas que querríamos hacerle y consigue unas respuestas fabulosas, cómo: “vale del tema porque me voy a levantar y me voy a ir” ó “Quiero hablar de mi puto disco, de mi puta gira, de mi puta carrera”...porque, en el fondo, nos gusta ver que los famosos son igual de vulnerables a las críticas y se exasperan de igual manera que el resto de los mortales.

Bunbury comete un gran error en este comunicado (a parte del solo hecho de emitirlo), y es que no responde a lo que había sido cuestionado. Ningún medio lo acusó de plagio, palabra que él se encarga de repetir unas cuantas veces, sino de utilizar unos versos de un poeta (que para colmo se había suicidado) sin citar a su autor. No se le está acusando de un error jurídico o legal, sino de un error humano. Y humanas son las palabras que ha dicho el hermano del poeta a los medios: “No queremos pedirle nada a Bunbury”. Ni siquiera fue la familia quién descubrió la copia, y no van a pedir indemnizaciones. Bunbury ya les ha hecho un favor, sin querer; ahora hay mucha más gente que conoce a su hijo, padre o hermano, y su obra.
Nada le hubiera costado mencionar el nombre de Casariego en la contraportada o hablar de él en alguna entrevista. Ha sido, sin duda, una gran metedura de pata...

Pero su gran problema es que no ha sido capaz de reconocer su error, ha tratado de encubrirlo con tecnicismos, evitando el buen camino: pedir perdón. Con ello se habría ganado el afecto del público y la condescendencia de la prensa.

Para votar por un aumento de sueldo para Carlos Marcos Pincha Aquí

3 de octubre de 2008

¡Apaguen el móvil!

Cada vez son más los maleducados a los que les suena el móvil en el cine. Y no solo eso, en la oscuridad de la sala tardan siglos en encontrarlo. Llegados a ese punto los hay que tienen la desvergüenza de responder, a veces para decir que estan en el cine molestando al resto de la gente o simplemente para intercambiar unas palabras con su interlocutor. Luego están las melodias por defecto...pero esa es otra historia.
Tal vez el método Darth Vader diera buenos resultados...



Yo por si acaso tengo como melodia la marcha imperial...

Dicen que el cine español está en crisis. No, no es el cine, es el público, que no tiene una educación cinematográfica adecuada. Aquí se tiene una idea de cine como diversión, como pasatiempo que de vez en cuando no está mal. Y esto no es malo, el problema es que el cine no se considera un arte, y por tanto no se le tiene respeto. No creo que nadie vaya a un museo y se salga habiendo visto solo la mitad de un cuadro y sin quedarse a leer el letrerito que dice si es óleo sobre lienzo, huecograbado o acuarela. Sin embargo es habitual en nuestras salas patrias que la gente se levante de su asiento sin ver si quiera el nombre del director o incluso que se pongan a charlar de pie evitando que el que está detrás pueda hacerlo. Las salas (a excepción de las Renoir, que se han erigido cómo defensoras del respeto gafapasta al séptimo arte) tienen también parte de culpa. El caso del cine Victoria es llamativo; antes de la transición entre el último fotograma y los créditos ya han encendido los lacrimógenos focos capaces de cegar a cualquiera. Algunos rebeldes nos resistimos a abandonar la sala, pero la inquietante presencia de la señora de la limpieza, agotada, descansando su peso sobre el palo de la escoba, nos impide finalmente llevar a cabo la hazaña de ver una película en el cine hasta el final.

29 de junio de 2008

BOB DYLAN en Gredos

Hoyos del Espino, Sierra de Gredos, Ávila.
Bob Dylan and His Band.
28-06-2008


Casi de improviso aparecieron en un ascético escenario iluminado todavía por la luz del día cinco hombres trajeados y elegantes. Eran los músicos de la banda de Bob Dylan, quien se presentó con sus representativas vestimentas negras y un elegante sombrero. Comenzó el concierto con el poderoso sonido de Rainy Day Women. Temblaron hasta los árboles. Dylan, durante todo el concierto de pie y al teclado, mostraba una amplia sonrisa. Su voz ya cascada no impidió que canciones clásicas como Tangled up in Blue sonaran a gloria. El repertorio incluyó a partes iguales canciones de sus dos últimos álbumes (Love and Theft y Modern Times) y temas antidiluvianos, como Ballad of Hollis Brown o The Lonesome Death of Hattie Carrol, del álbum The Times They Are A-Changing (1964).
La canción más aclamada por el público fue la última, Like a Rolling Stone, con la que Dylan acostumbra a cerrar sus conciertos. En cualquier caso, los asistentes al festival estuvieron bastante comedidos, y la imposibilidad de reconocer las canciones clásicas, totalmente transformadas, impidió un seguimiento absoluto por parte del público.
Ya en la oscuridad de la noche la potente Highway 61 hizo saltar a más de uno.
El “maestro” y su banda desaparecieron del escenario tras la tranquila Ain’t Talking, y el público pidió (con poca insistencia) su vuelta. Los acordes de Thunder on the Mountain alegraron a los seguidores de Dylan, a los que se les hicieron cortas las casi dos horas de concierto.
Tras los “bises”, Dylan se mostró humano y abandonando el teclado, presentó, con un acento casi incomprensible de Minnesota, a su banda: Tony Garnier, bajo y contrabajo; George Receli, percusión; Stu Kimball a la guitarra rítmica; Denny Freeman a la guitarra y Donnie Herron al resto de instrumentos. La misma banda con la que grabó Modern Times: impecable y poderosa.
También hubo momento castizo, cuando el bajista Tony Garnier entonó con el contrabajo el “Oé oé oé” de la selección española.

En conclusión, una escenografía sencilla para un concierto complejo, completo, emocionante y singular.



Set List

1. Rainy Day Women 12 & 35 (Blonde on Blonde)
2. Lay, Lady, Lay (Nashville Skyline)
3. Just like Tom Thumb’s Blues (Highway 61 Revisited)
4. Tweedle Dee & Tweedle Dum (Love and Theft)
5. Positively 4th Street (Greatest Hits’67)
6. The Levee’s Gonna Break (Modern Times)
7. Moonlight (Love and Theft)
8. Honest With Me (Love and Theft)
9. The Lonesome Death of Hattie Carrol (The Times They Are A-Changing)
10. Tangled Up in Blue (Blood on the Tracks)
11. Ballad of Hollis Brown (The Times They Are A-Changing)
12. Highway 61 Revisited (Highway 61 Revisited)
13. Mississippi (Love and Theft)
14. Summer Days (Love and Theft)
15. Ain’t Talking (Modern Times)

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16. Thunder on the Mountain (Modern Times)

17. Like a Rolling Stone (Highway 61 Revisited)

Próximamente la crítica del Concierto de Neil Young en el Rock in Rio Madrid...