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3 de octubre de 2008

¡Apaguen el móvil!

Cada vez son más los maleducados a los que les suena el móvil en el cine. Y no solo eso, en la oscuridad de la sala tardan siglos en encontrarlo. Llegados a ese punto los hay que tienen la desvergüenza de responder, a veces para decir que estan en el cine molestando al resto de la gente o simplemente para intercambiar unas palabras con su interlocutor. Luego están las melodias por defecto...pero esa es otra historia.
Tal vez el método Darth Vader diera buenos resultados...



Yo por si acaso tengo como melodia la marcha imperial...

Dicen que el cine español está en crisis. No, no es el cine, es el público, que no tiene una educación cinematográfica adecuada. Aquí se tiene una idea de cine como diversión, como pasatiempo que de vez en cuando no está mal. Y esto no es malo, el problema es que el cine no se considera un arte, y por tanto no se le tiene respeto. No creo que nadie vaya a un museo y se salga habiendo visto solo la mitad de un cuadro y sin quedarse a leer el letrerito que dice si es óleo sobre lienzo, huecograbado o acuarela. Sin embargo es habitual en nuestras salas patrias que la gente se levante de su asiento sin ver si quiera el nombre del director o incluso que se pongan a charlar de pie evitando que el que está detrás pueda hacerlo. Las salas (a excepción de las Renoir, que se han erigido cómo defensoras del respeto gafapasta al séptimo arte) tienen también parte de culpa. El caso del cine Victoria es llamativo; antes de la transición entre el último fotograma y los créditos ya han encendido los lacrimógenos focos capaces de cegar a cualquiera. Algunos rebeldes nos resistimos a abandonar la sala, pero la inquietante presencia de la señora de la limpieza, agotada, descansando su peso sobre el palo de la escoba, nos impide finalmente llevar a cabo la hazaña de ver una película en el cine hasta el final.