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10 de octubre de 2010

I ♥ Polaroid

O De la vida después de una muerte anunciada


Me sentía culpable por mi anterior post. Sentía la imperiosa necesidad de confesar mi amor por las obsoletas, absurdas y hoy por hoy, inútiles polaroids. Una especie de exorcismo público después de haber hecho una suerte de crítica a las polas y a los guays.

Por otro lado, existen (que yo sepa) dos métodos para tomar polaroids digitales: Poladroid y Pola.


Poladroid fue el primero que conocí, antes incluso de comprar películas instantáneas para la Polaroid que heredé de mi madre. El programa consiste en una cámara que se aloja en tu escritorio, cuando escoges la imagen a "poladroizar" hace el mismo sonido que la Polaroid "de verdad" y la imagen se va creando poco a poco, también como las clásicas. Es genial, por que no solo te crea un resultado tan bonito como las polaroids (y enfocadas!), sino que además puedes tomar parte en el proceso..

Luego descubrí Pola, el supuestamente original sistema de "poladroizar", ideado por Manuel Barzi. Pero no me cautivó tanto (aunque la cámara del interfaz es mucho más bonita que la de Poladroid), entre otras cosas porque no puedes tener el programita en tu escritorio (?), la robótica voz que anuncia que tu pola ha sido creada no pega nada con el mundo-pola...

Con esto y todo, me declaro fan de las polaroids, polas y poladroids; irremediablemente digital y sentimentalmente analógica. Y con estas declaraciones, termino mi exorcismo.

A continuación les propongo una prueba: ¿quién me puede decir cuáles de estas imágenes son Polaroids y cuáles Poladroids?



Vale, sí, se nota.

12 de septiembre de 2010

El negocio de la muerte

No vamos a hablar hoy de A dos metros bajo tierra. Hoy hablaré de marketing y de Polaroid, y de como la muerte de un producto puede llegar a suponer su renacimiento comercial. Este es el caso de las fotografías instantáneas Polaroid.

En pleno apogeo de la cultura gafapasta (Febrero 2008), la empresa anuncia que deja de fabricar película instantánea para sus cámaras por falta de fondos. Conmoción. Enseguida, un grupo de guays holandeses fundan The Impossible Project, dónde recaudan donaciones para reabrir la fábrica de película instantánea de Enschede, y en pocos meses (Noviembre 2008) lo consiguen. Tienen muchos problemas, y finalmente patentan un nuevo tipo de película instantánea, que ahora venden por Internet a un precio más caro que al que se venden las películas originales que aún se comercializan en Fotoprix.


Antigua fábrica de Polaroid en Enschede, Holanda.

Por supuesto, las máquinas Polaroid de segunda mano, que no se fabricaban desde un año atrás, multiplican sus ventas. Y la historia no acaba ahí, la propia empresa Polaroid, que había dejado de lado el mercado de la fotografía analógica en pro de la digital, lanza un nuevo modelo de cámara instantánea (Polaroid 300), moderna, pequeña y con una película más barata. Y además han fichado para la promoción a Lady Gaga.

Por supuesto, los guays de los guays no han quedado del todo convencidos con eso de que las polaroids ya no sean del todo vintage y ahora lo más guay es usar película caducada y poner que lo es en Flickr, previo escaneado.

Esto del escaneado es una incongruencia analógico-digital, la misma que nos lleva a imprimir las fotos digitales del veraneo para que las vea la familia, y a escanear las fotos analógicas para enseñárselas al mundo vía Internet. Es lo propio en una generación que cabalga entre dos mundos, analógico y digital (sobre uno más que sobre el otro), que siente añoranza por ese mundo que se extingue gracias a progresos tan nefastos para el gafapastismo como la TDT o el Photoshop. Probablemente sus progenitores alucinen ante las ganas de volver a la prehistoria (gracias mamá, por haberme regalado tu Polaroid).

Conclusión (y a la postre principio de marketing indirecto): MATA TU PRODUCTO